Y llego yo sola, muy sola, por algún camino
al río, vacío,
pero algunos marrones aguados,
aún circulaban.
Continuamente,
nunca iguales,
las aguas que cambian.
Ni lleno, pantanoso
el agua si es estanque no es río.
Ni desierto, vacío
no podrá ser un río un baldío.
Ahogada, las aguas no nadan,
y estéril el fondo no vive.
El río, tensión
entre lo lleno y lo vacío.
© Andrea Foco
Mayo 2013
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