...

...

martes, 11 de febrero de 2014

un hurto un auto una gata

Una gatita que ni siquiera es, roba un auto, una gata mandada a robar. Luego pasaron las denuncias y los papeleríos, mientras dos papisas y teólogas aparecen en la comisaría, dos madres de un solo amor divido en pares. Imposible desenmascarar a la pobre gatita, una locura para ponérselo a explicar! Si tan solo ella no se hubiese dado ese palo contra el árbol nadie se hubiese dado cuenta del hoy mediático hurto. Pero volviendo a la comisaría, ahí hice un par de firmas aceptando mi culpa y responsabilidad, a la vista de aquellos cuatros ojos de mujeres. Pero sin embargo sigo dudando que todo haya sido un sueño, sobre todo, cuando mi padre, el dueño del vehículo, parece no creer la historia, seguro de aquél sonambulismo continuo, desde aquel día que fui niña hasta hoy mujer. Me trataron como una loca. Y la gata sin aparecer. Otras cosas sucedían en paralelo, otras líneas, aunque no eran lo importante ya que ni las recuerdo. Pero no me olvidaré, al firmar las denuncias, mi trazo era más fuerte cuanto más me miraban aquellas dos mujeres… que me querían de hija. Sus capas rojas, dos reinas. Quizá alguna firma me salió mal. Lo admito. Otra casi rompe la hoja, también. No era fácil estar ahí. A la gatita no la volví a ver.
© Andrea Foco

No hay comentarios:

Publicar un comentario