Si la única forma de salir de la Tierra fuese escondida en el interior de una planta.
Las raíces de todas las plantas y árboles y hasta de los pequeños yuyos que nacen en macetas comienzan a despegarse de la tierra, como siento aspiradas hacia arriba con enorme presión. Los árboles de las veredas al fin sienten la liberación de aquel material que no le pertenece, lo rompen en pedazos, su fuerza de la vida es mayor que aquella lámina lapidaria que lo rodeó desde el inicio. Pero el árbol sabe su raíz, sabe y siente su raíz. Desprendido, sube, sube todo su cuerpo, suben las ramas, ¡si! ¡Aún más! Hacia arriba, como siempre pero ahora aún más! Y ahora vuelan, vuelas las hojas de felicidad, y vuelan así, los pájaros que reposan en sus nidos y ven este nuevo panorama con tanta normalidad. Algunas hojas a propósito eligen caer, y esta vez, no a la calle, sino al todo, a ese espacio de vacío que está tan lleno de libertad. Hojas que eligen volar, son ahora alas, y ven hacia abajo pero también hacia arriba en su planear. Y al árbol realmente no le importa este juego de sus hojas, menos a 100 kilómetros de altura, él podría llegar a destino desplumado que en cuestión de un tiempo volverán a asomarse mágicos brotes…¿por qué? Nadie sabe bien por qué, incluso él mismo lo ignora. Preguntarse el por qué de la vida a veces es una pregunta idiota.
Preciosa fotografía imaginar a todo el reino vegetal, todito, flotando en el aire, chupados hacia el exterior del planeta. Precioso para mí, que también deseo irme de aquí. Cuando las raíces de unos se mezclan con las ramas de los otros y así, recuerdo los camalotes del Paraná, todos enredados, y ahí, ¿quién es quién? ¿De dónde vienen? ¿Eligieron estar ahí, nadando juntos? ¿O prefieren agarrar por otra vertiente y no pueden salirse de semejante enredo? Y otra vez, preguntarse es idiota, porque ahí está, ahí va nadando, o mejor, en la nada…y encima esa belleza del caos, y esos brotes hacia arriba, y esas raíces sumergidas hacia abajo…
Bueno acá estoy y veo lo que está pasando sin distinguir si la cosa se puso mágica de una vez por todas o si es un sueño más. Pero lo importante es que también quiero irme de acá, habitar otros suelos, otros espacios, conocer el alimento de otros minerales y saber qué hace mi sangre ahí. Aquí ya sin árboles, son muchos pozos vacíos…
Ahora estoy convencida, sin dudas, me voy a meter en un árbol. Este, el de la esquina, me parece perfecto, puedo ir sentada y hasta entro paradita. Si quiero, en ese agujero, puedo sacar una mano y sentir el aire entre mis dedos. Listo, me desnudo, no puedo, simplemente, NO puedo, vivir ahí con ropa. La verdad que si hace frío no me importa, puedo, tal vez, taparme con hojas y enredarme entre las raíces. ¡Ay si! Ya estoy entrando, no hay puertas, pero estoy entrando. Me sale abrazar a este árbol en su inmensidad, plegarme ante tanta vida y ante tanta historia. Respetarlo en su presencia previa a la mía y a la de todos ustedes también. Admirarlo en su presencia futura en fósil, en carbón vegetal, en hoguera, en abono y en muchas vidas y cosas más. Enorme abrazo de amor y paz, de pedido de ayuda: -LLevame con vos! -Me sale decirle- haceme una parte tuya por favor.
© Andrea Foco
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