Parezco esas zapatillas que dejé en el patio tomando sol. Es verdad, puede que no sean modernas. Está bien, sí, están pasadas de moda. Pero yo tranqui, abierta, un poco rota, aireándome, me olvidé del tiempo y sigo aquí, pasan los días y las noches, ya van como diez. El sol me devuelve algo que no sé qué es, y me limpia, me hace una zapatilla renovada. Es que a veces necesito ventilarme. La lengua afuera, en tono de relajación. Las suelas gastadas y con ganas de más. Con orgullo siento que estoy sin ataduras (me prometieron cordones nuevos, pero sin apuros porque esta libertad es tan grande…) Estoy esperando con mi doble la acción. Aunque si pasa más tiempo y si no vienen por mí, daré un susto a todos y voy a salir corriendo por el pasillo hasta la calle. Voy a hacer unas cuadras a toda velocidad, me treparé de un árbol, salto cuántico hasta el cable y ahí, ahí siiii, seré una más de las que cuelgan, ya van a verme ahí y al verme darán por obvio que en la zona hay droga, pero no, acá tienen la verdadera historia, no somos más que zapatillas olvidadas…ah no! Un momento! no tengo cordones! Al final si bien estaba más cómoda, para algo están los nudos. Entonces, no sé, qué hacer?plan b, c, d, e?? Caída libre, como siempre, la eterna elección. Sigue golpe a la calle, auto, plaf. Amanezco a la mañana siguiente próxima a cualquier contenedor del Once. Al lado mío, unas ojotas color rosa, la misma suerte que yo. Arriba, colgando, zapatillas con cordones.
© Andrea Foco
Mayo 2015
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