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lunes, 9 de enero de 2012

Matute

Matute tiene 15 años y vive en el medio de la villa. Despierta en la mañana del miércoles, por los gritos de sus dos hermanitos que lloran y llaman a la mamá. Matute se friega los ojos llenos de lagañas, su boca esta seca y el estómago le duele del hambre. Se levanta, se dirige a la cocina y mira al paso los cuadernos de la escuela, tirados en un rincón. En el comedor habla con su mamá.
-Tengo a los dos chiquitos enfermos, Matute –dice la madre- Andá y trae unos mangos para comer y para los remedios.

Se va al mercado de concentración para sumar unos pesos como changarín, no es la primera vez que lo hace. Llega y un encargado lo llama, le da unas bolsas de de papas, zanahorias y cajones de frutas y le señala el flete dónde cargarlos. Matute carga todo y sigue laburando. Después de un par de horas, detecta a uno de los patrones, Ángel, que lo observa trabajar. De repente escucha que le dice:
-Vos Matute. Te venís conmigo a la verdulería. ¿Cuántos años tenés?
-Diecisiete –miente Matute-
-Bueno vas a estar en el depósito, haciendo las ensaladas, lavando la mercadería. Vamos a probarte el lunes –y le tira un cigarro-

Termina la jornada de trabajo y vuelve en bici al barrio, con unos mangos en el bolsillo. Para en el comedor comunitario a digerir su única comida del día. Se sienta al final de la mesa y come un plato de fideos. Hay silencio, a pesar de la convocatoria. Escucha unas voces fuertes que irrumpen el momento. Son del distrito municipal y ofrecen unas clases de hip hop a los más jóvenes. Intenta seguir masticando tranquilo y apenas oye que le dicen que la primera clase es el viernes.

Se despierta el jueves. Se friega los ojos. Se levanta. Sus ojos encuentran la mirada preocupada de la madre y no hace falta palabras, no hay plata, no hay escuela. En el mercado es un día duro. Arma los pedidos y los carga en el flete. Cuando vuelve al barrio en bici ve en la plaza un grupo de chicos bailando hip hop. Echa a penas una mirada desinteresada. Sigue su pedaleo y nota que el comedor no tiene más capacidad. Pasa de largo. Al rato imagina la verdulería de Ángel. Piensa en sus hermanos y se le dibuja una sonrisa.

Se despierta apurado el viernes y se va al mercado. El lunes es la prueba en lo de Ángel y tiene que estar entrenado. Después va al comedor. Mientras come, los profesores de hip hop vociferan que comienza el taller en el galponcito de atrás. Matute escucha la música y los gritos. Siente hambre, necesita comer. No precisa bailar ni cantar. Sólo piensa en el lunes. Mira alrededor, todos comen. Nadie va al taller. A los minutos apagan la música.

©  Andrea Foco

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